El libro de la electricidad

Imaginemos una acción cotidiana extremadamente sencilla y común: pulsamos el interrruptor y la bombilla se enciende. Estamos tan habituados a realizar ese gesto, que no pensamos en él, como no pensamos en levantar primero un pie y luego otro para andar, y por eso no le concedemos ninguna importancia.
Pero detengámonos un instante y reflexionemos, aunque parece cosa de magia (y casi lo es) damos por hecho que siempre que pulsemos el interruptor la bombilla se va a encender, o expresado de otra manera, que siempre vamos a disponer de energía eléctrica para iluminarnos, calentar el ambiente, y para que funcionen un gran número de aparatos tanto de nuestras casas como de las industrias y que nuestras calles van a estar siempre iluminadas cuando se pone el Sol, con la misma naturalidad que damos por hecho que no nos va a faltar el aire para respirar.
En la naturaleza se producen fenómenos eléctricos, no hay más que observar las tormentas o pensar en la actividad eléctrica del cerebro y en la radiación solar, por ejemplo. Pero la energía eléctrica que forma parte de nuestra vida, tal y como la usamos, no se encuentra en la naturaleza; o expresado de manera más científica, es una energía secundaria; mientras que el carbón, el gas natural, el petróleo, la energía atómica, la energía hidráulica o la eólica... son fuentes de energía que hallamos en la naturaleza y se conocen como energías primarias.
La energía eléctrica que usamos se obtiene como resultado de la transformación de una energía primaria, como algunas de las que hemos enumerado, en energía mecánica, la cual, a su vez, se convierte en energía eléctrica.
Es decir que es necesario una transformación intermedia, el paso por la energía mecánica, para obtener energía eléctrica a partir de una energía primaria.
 
Seguramente, aunque no lo sepamos, esta energía que empleamos casi para cualquier cosa ha realizado un largo viaje hasta llegar a nuestro domicilio, nuestras calles o nuestra empresa.
Además, la necesidad de usarla de manera ininterrumpida ha hecho necesario que se establezca una red de líneas interconectadas, red que a su vez es alimentada en origen por diversas centrales productoras de electricidad.
Las centrales productoras de electricidad pueden estar tan alejadas de los puntos de consumo que, para evitar pérdidas en los recorridos y para garantizar que el suministro se adecue a los propósitos, aplican un alto voltaje a la corriente eléctrica. Esto es debido a que si todos los puntos del recorrido estuviesen al mismo potencial no habría movimiento eléctrico, algo parecido a lo que ocurre a la ordenación de las partículas que forman los fluidos.

El voltaje también llamado tensión o diferencia de potencial cuando está cerca de su destino se adapta a los usos en los que va a ser consumida por medio de transformadores.