Gattaca, reservado para la excelencia genética

Cartel de la película Gattaca (1997)Tiene más de una década de vida y sin embargo aún provoca debates. Es “Gattaca” (1997), una película de Andrew Niccol que al parecer pasó sin pena ni gloria por cartelera. Fue después, a partir de su edición para vídeo y DVD, cuando más interés suscitó tanto en círculos científicos como en los medios de comunicación. Y es que esta obra cinematográfica, enmarcada en “un futuro no muy lejano”, no suele dejar indiferente al espectador porque trata de miedos candentes; la manipulación genética y la discriminación social que para ella podemos imaginar. 

Gattaca es un centro aeroespacial, un lugar para ganadores, destinado a la élite de una sociedad en la que sólo los genéticamente superiores pueden triunfar. Pero el protagonista, Vincent, nacido sin dopaje genético es un “no-válido” inconformista que ya desde niño soñaba con ser astronauta. Se niega a aceptar el destino que le han asignado y decide engañar al sistema. Para ello cuenta con Jerome, un atleta de excelentes genes que, tras quedarse paralítico en un accidente, vende sus muestras de sangre, orina, piel y pelo a quien desee asumir su identidad. La férrea fuerza de voluntad de un rebelde y la profunda frustración de un destronado se alían en esta historia de ciencia ficción, con tintes policíacos, que advierte sobre los peligros de un mundo falsamente feliz.
 
Un mundo en apariencia perfecto, donde los padres acuden al genetista y eligen para sus hijos lo mejor de ellos mismos; sin enfermedades, sin imperfecciones. Se pretenden erradicar así problemas hereditarios de salud como el cáncer y, ya de paso, males como el alcoholismo y la violencia, junto a otros “defectos” como la miopía y la calvicie. Objetivos de la ciencia que resultan legítimos, ¿quién no desea lo mejor para sus hijos? Pero en Gattaca, esto se lleva a su extremo más negativo y la sociedad que nos muestra, tan ordenada y limpia, logra su perfección a costa de nuestra propia humanidad. Por ello sus personajes son tan fríos y asépticos como la discriminación genética en la que se basa su mundo. Un lugar donde la ciencia margina al hombre.
 
Andrew Niccol escribió el guión de esta fábula distópica (anti-utópica) pensando en la novela de Aldous Huxley “Un mundo feliz” (1932). Además, un año antes de estrenarla nacía la oveja Dolly, el primer mamífero clonado de la historia, y proliferaban los debates sobre los peligros éticos de la clonación en seres humanos. De hecho, el nombre con el que se empezó a rodar la película era “El octavo día”, aunque después se eligió una combinación de las iniciales de guanina (G), adenina (A), timina (T) y citosina (C), las bases nitrogenadas del ADN. No es de extrañar que ante tan espinoso asunto la postura moral de Niccol sea alarmista y conservadora. Desde entonces Gattaca simboliza el terrible error al que llevaría la manipulación genética. Una película propicia al debate.

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