En ciencia y tecnología les gusta curiosear. Desean ser cicerones, comunicadores, compañeros de viaje que intentando ser guías también necesitan ser guiados. Se hacen llamar cytcerones.
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"Viajero del tiempo" de Ronald Mallet

Ronald Mallet, físico teórico. R. Mallet.Ronald Mallet estudió ciencias físicas porque un sueño le acosaba desde niño; viajar al pasado y advertir a su padre del mal de corazón que éste padecía con la esperanza de salvarle de una muerte prematura. El dolor de aquella pérdida y una obsesión siempre viva llevaron al joven Ronald por los caminos de la física teórica. Fue un sendero tortuoso y por él avanzó con un pesado equipaje que solía mantener en secreto, el deseo de construir una máquina del tiempo. Él mismo nos relata en su libro "Time Traveler", escrito con Bruce Henderson, cómo logró conciliar razón y corazón, una historia personal llena de ciencia; biografía y divulgación científica en dosis parecidas. 

Aerodinámica en F1, los alerones

Uno de los aspectos mas llamativos de los coches de carrera de Fórmula 1 son los alerones. Tienen como misión generar la máxima fuerza descendente (down force) posible, para aumentar el agarre del coche, y que puedan tomar las curvas a gran velocidad. Pero, ¿cómo están diseñados estos alerones? En primera instancia los alerones son perfiles de ala de avión invertidos, de forma que en vez de hacer fuerza hacia arriba para elevar un avión, lo hacen hacia abajo. Esta fuerza vertical se produce por una diferencia de presión.

Un pequeño apunte sobre la lluvia ácida

Dedicado a Adrián, porque un día me preguntó sobre el tema y le prometí contestarle
¿Cómo se forma la lluvia ácida?
Siempre pensamos que, en general, la lluvia que cae tranquila y a su tiempo es una cosa buena, porque el agua dulce que riega la tierra aporta beneficios a los cultivos, a los ríos y a las ciudades.
A veces la lluvia no está formada sólo por el agua (que vemos hecha vapor en las nubes), sino que contiene todos los gases contaminantes que se producen en algunas industrias, en los motores de los vehículos o mediante las variadas actividades humanas que los originan. 
Estas sustancias gaseosas ascienden, como el humo, y cuando se encuentran con el vapor de agua que hay en la atmósfera se combinan con él y forman algunos compuestos muy nocivos y caen con la lluvia, a eso es a lo que llamamos lluvia ácida.

Nuevos centinelas para los volcanes

"Spider" robótico para vigilar volcanes. JPL/NASATienen el tamaño de un microondas y tres patas, sus creadores les llaman "spiders". Pueden detectar terremotos, medir sutiles deformaciones del suelo, sentir explosiones volcánicas y detectar nubes de cenizas. Son los nuevos vigilantes de las montañas de fuego y desde hace un mes en el Monte Santa Helena ya habitan algunos de ellos. Es el resultado del trabajo conjunto de ingenieros y científicos de la NASA, el USGS y la Universidad del Estado de Washington en Vancouver.

Gattaca, reservado para la excelencia genética

Cartel de la película Gattaca (1997)Tiene más de una década de vida y sin embargo aún provoca debates. Es “Gattaca” (1997), una película de Andrew Niccol que al parecer pasó sin pena ni gloria por cartelera. Fue después, a partir de su edición para vídeo y DVD, cuando más interés suscitó tanto en círculos científicos como en los medios de comunicación. Y es que esta obra cinematográfica, enmarcada en “un futuro no muy lejano”, no suele dejar indiferente al espectador porque trata de miedos candentes; la manipulación genética y la discriminación social que para ella podemos imaginar. 

Científicos y divulgadores (I): Euler

La mayoría de los investigadores y científicos de nuestros días apenas tienen tiempo para difundir su ciencia, hacerla llegar a las personas que, a pesar de estar interesadas, por diferentes razones no tienen acceso fácil a la misma. Otros, sin embargo, hacen verdaderos esfuerzos por que sus resultados puedan ser comprendidos por algunas personas más que las pertenecientes a su estrecho círculo.
 
Llama la atención que uno de los científicos más grandes y prolíficos de la historia,  Leonhard Euler (1707-1783), además de la ingente cantidad de trabajo científico que llevó a cabo a lo largo de su existencia, y de atender a su numerosa familia aún tuviera tiempo para  adiestrar a la princesa Filippina von Schwendt, perteneciente a la corte de Federico II de Prusia, en algunas cuestiones de la Física.

"El tesoro de Kepler " de Luminet

Tycho Brahe (izqda) y Johannes Kepler (dcha). Praga.Astrofísico, escritor y poeta, Jean-Pierre Luminet nos ofrece este año con su novela "El tesoro de Kepler" un fascinante viaje a los albores del S. XVII. Pronto el hombre sería destronado y el centro del universo dejaría de pertenecerle. El heliocentrismo ganaba terreno con sigilo y muchas dificultades, pero de forma inexorable. Cuando el astrónomo Tycho Brahe, mathematicus imperial de Rodolfo de Hausburgo, liberó en 1601 las observaciones que tan celosamente había guardado durante 38 años el avance se convirtió en inevitable. Allí estaba Johannes Kepler, uno de los mejores matemáticos de su tiempo para construir órbitas, para encontrar relaciones entre astros y planetas, para elaborar un nuevo mapa del universo. ¿Cómo llegaron a encontrarse estos dos personajes?¿Por qué Kepler y no otro científico de la época?

Gracias a la Luna

Una historia plagada de complicidad y armonía
 La historia de la Luna es inseparable de la historia de la Tierra. Lo que la Tierra y sus organismos vivientes son, en gran medida lo son gracias a la Luna. Del mismo modo, la Luna también debe su estructura, su posición y su naturaleza a la vecindad de nuestro planeta.
Se han ido elaborando diversas teorías acerca del nacimiento de la Luna, que han sido modificadas a medida que iban incrementándose y refinándose los conocimientos sobre el Sistema Solar. En la actualidad, parece mejor acogida la teoría según la cual el origen de la Luna se sitúa en una gran colisión de un cuerpo planetario de dimensiones equiparables con la Tierra, en la época en que se estaba configurando nuestro sistema planetario. De los restos planetarios de esa gran colisión se formaría este vecino nuestro tan querido, la Luna.  

"Por qué creemos en cosas raras" de Michael Shermer

El escepticismo no es una postura, sino una actitud y, además, se puede aprender. Basta con aplicar el pensamiento científico y fomentar el espíritu crítico. Nos lo transmite Michael Shermer, historiador de la ciencia y psicólogo, que desde hace años intenta comprender por qué pseudociencia y pseudohistoria tienen tantos adeptos en la sociedad de hoy.

Se interna así en la oscura selva de lo mágico y la superstición, analiza las bases del nuevo creacionismo y del movimiento que niega el Holocausto y, con el fin de comprender, desmonta piezas, señala errores, ofrece sencillas razones sin acudir a creencias, sin construir mitos. Son éstos los senderos que propone en su obra "Por qué creemos en cosas raras", un clásico de la divulgación científica publicado por primera vez en 1997 y traducido al español en el 2008.

Alemanes y aliados en busca de la bomba atómica

Reactor nuclear de HaigerlochQue los físicos alemanes quisieran o no fabricar la bomba atómica siempre ha estado en tela de juicio. Antes de la guerra Alemania era un destino privilegiado para todo científico, los mayores avances en ciencia y tecnología estaban germinando allí, era fácil suponer que lo conseguirían durante el régimen nazi. La sorpresa fue en realidad conocer su fracaso y escuchar después un sinfín de exculpaciones que han llevado a muchos a proclamar la superioridad moral del equipo alemán sobre los científicos del proyecto Manhattan, que sí lograron tan terrible propósito.
 
La mayoría de los científicos que no eran nazis y, sin embargo, trabajaron para Hitler adoptaron una postura dual; se centraban en la investigación objetiva, considerada un bien superior, y se adaptaban o sometían a la situación política en un aura de “pureza irresponsable”. Los aliados por su parte aplacaban su conciencia convencidos de que el enemigo avanzaba más deprisa hacia la bomba atómica. Hasta diciembre de 1944 no tuvieron certeza del fracaso de los alemanes, cuando llegó a Estrasburgo un grupo de agentes secretos, el equipo Alsos, liderado por Samuel Goudsmit, físico y políglota que conocía a Werner Heisenberg. El resultado de la misión, el reactor nuclear de Haigerloch, que nunca llegó a funcionar, y diez físicos capturados; incluido Heisenberg.

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